Pasteles y Bizcochos

Japanese cotton cheesecake

Una tarta que se siente verdaderamente como el algodón en boca. Tiene una textura tan ligera y suave que te la podrías comer en una sola sentada. Esta es una de esas masas que suena cuando la aprietas y luego vuelve a su posición inicial. También es conocido como cheesecake que tiembla, ya que una manera de saber si ha quedado con la textura adecuada es hacerlo temblar después de desmoldar, os puedo asegurar que es casi hipnótico! Con muchísima razón es una de las tartas más famosas del mundo, pero también es complicada de hacer, no os voy a mentir. Yo la he tenido que repetir 3 veces, pero he aprendido mucho durante los 3 procesos, seguid leyendo que os lo cuento todo!

Quien la sigue la consigue, la perseverancia es una camino al éxito, y tantos otros refranes destrozados con un solo ejemplo: esta tarta. En mi caso es la historia de una agridulce fracaso porque en mis 3 intentos de hacerla he tenido resultados diferentes y ninguno de ellos a la altura de la calidad que yo deseaba para publicar aquí la receta. Pero al final he decidido publicarla igualmente y dejar de ser tan exigente conmigo misma. Quitando el primer intento que fue un gran “epic fail”, el segundo y el tercero tanto en sabor como en textura han sido excelentes, pero he sufrido en ambos un problemilla estético que queda muy bien disimulado en las fotos.

Mi primer intento fue un desastre total porque se me metió agua en el molde. Sí, usé un molde desmoldable pero lo forré con papel de aluminio. Aun así, si se hace cualquier pequeña grieta entra agua. Lo que os recomiendo después de este primer fallo, usad un molde que no sea desmoldable si tenéis. Si no tenéis, como es mi caso, poned dos capas de papel de aluminio y aseguraros de que llega hasta arriba del molde, porque el agua puede saltar cuando hierve y meterse igualmente por la parte superior del papel de aluminio. Pero mi recomendación final, si os queréis ahorrar la tarea de ingeniería de puentes y caminos que representa forrar el molde como dios manda, es que uséis un molde de 20 cm de diámetro alto (mínimo 10 cm) que no sea desmoldable y preferiblemente de aluminio.

El segundo intento fue el mejor en cuanto a textura. Casi conseguí la perfección y estaba tan pero que tan bueno que me comí media tarta en dos días (lo sé, no se puede ser más gorda). Pero se agrietó por la superficie y se agrietó tanto que no me pareció bien hacerle fotos para compartir la receta. Qué salió mal? Creo que el horneado, usé los tiempos de una receta en los que proponía hornear a 200°C 10 minutos y después reducir la temperatura del horno a 160°C y hornear 1 hora más. Pero esos 200°C para mí fueron el problema además de la inercia del horno, porque bajar de 200 a 160 con la puerta cerrada no sucede inmediatamente, y justo en esos primeros 20 minutos es cuando se empezó a agrietar.

Así que, como la tarta me encantó y no me importaba comerme otra, y como soy más tozuda que una mula, decidí hacerla una tercera vez (en la misma semana 🙂 ) y ajustar las temperaturas de horneado. Y la tercera no salió perfecta tampoco, de aquí mi frustración. Ajusté los 10 primeros minutos a 180°C en lugar de 200, pero el resto de horneado se hizo a 160°C. Pues bien, se volvió a agrietar, pero esta vez hacia el final de horneado y la grieta fue mucho más pequeña, aceptable al menos para poder hacerle fotos y compartir la receta.

De las tres experiencias llegué a la conclusión de que la temperatura de horneado final de 160°C es demasiado alta para mi horno, por eso en la receta os he puesto que lo hagáis a 140°C si usáis un horno de convección. No lo he experimentado yo misma, porque como comprenderéis hacer la tarta cuatro veces habría rozado lo enfermizo. Pero os comparto la receta igualmente porque es increíble, y aunque os salga agrietada está buenísima igualmente. En este tercer intento creo que también entró un poco de agua en el molde, porque la segunda que hice subió mucho más y tenía más aire en general. Total, que de verdad os digo que uséis un molde no desmoldable para ahorraros dolores de cabeza porque yo al final cuando vi humedad en la base de la tarta por tercera vez casi le prendo fuego a la cocina entera de la rabia.

Y después de compartir esta epopeya culinaria con vosotras, os dejo con la receta y con la fotito al más puro estilo asiático enseñando mis gatitas de la Sylvanian family dejando de manifiesto públicamente que tengo la edad mental de una niña de 8 años 🙂 Lo de la edad mental es cierto, pero la idea de sacarlas en la foto me ha venido de los videos de Youtube de canales de cocina asiáticos ASMR a los que estoy enganchadisima. Siempre sacan muñequitos super monos en las tomas y yo les he querido hacer un homenaje. Por cierto, os los recomiendo muchísimo si no los conocéis, mis canales favoritos son “Hidamari cooking” y “Cooking tree”, hacen unas tartas preciosas y con el royo ASMR a mi me van de perlas para quedarme dormida en el sofá después de comer 🙂

Dulces sueños,

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Japanese cotton cheesecake

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Cheesecake Japonesa
By Raquel Ramos Serves: 8 -10
Prep Time: 30 min. Cooking Time: 1h 10 min. Total Time: 1h 40 min.

cheesecake ligero y suave como el algodón, el mejor cheesecake del universo y la receta más esponjosa.

Ingredients

  • 100 ml de leche
  • 50 g de mantequilla
  • 140 g (100g + 40g) de azúcar
  • 250 g de queso crema tipo philadelphia (a temperatura ambiente)
  • 6 huevos
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • 60 g de harina
  • 20 g de maicena
  • 1 pizca de sal

Instructions

1

Precalienta el horno a 180°C. Cubre con papel de horno la base y los laterales de un molde de 20 cm de diámetro. A poder ser que sea un molde sellado, si no tienes y usas un molde desmoldable, cubre toda la parte exterior del molde con papel de aluminio para impedir que entre agua porque la tarta se ha de cocer al baño maría.

2

En un cazo calienta la leche con la mantequilla hasta que la mantequilla se derrita, no hace falta que la leche hierva, simplemente calienta hasta que la mantequilla se derrita y retira del fuego.

3

En un bol mezcla el queso crema con 100 g de azúcar. Incorpora la leche con la mantequilla derretida mezclando hasta que quede una crema sin grumos.

4

Separa las yemas de las claras. Vierte las yemas una a una en la crema de queso mezclando hasta que quede todo bien integrado. Añade el zumo de limón y mezcla hasta que se distribuya. Por último, tamiza la harina, la maicena y la sal sobre las mezcla mezclando hasta que no queden grumos de harina.

5

Monta las claras de huevo con 40 g de azúcar hasta que hagan picos suaves. Ten cuidado de no montarlas demasiado duras porque no te quedará la mezcla con la consistencia necesaria.

6

Incorpora ⅓ del merengue en la masa de queso mezclando en movimientos envolventes hasta que se haya integrado. Agrega ahora todo el resto de merengue e integra mezclando en movimientos envolventes. Es muy importante que mezcles con cuidado y en movimientos envolventes usando una espátula para que la masa no pierda aire!

7

Vierte la mezcla en el molde y golpea el molde varias veces contra la encimera para sacar la burbujas de aire a la superficie. Coloca el molde dentro de una bandeja alta o un molde más grande. Vierte agua entre 80 y 90°C en la bandeja hasta unos 3 o 4 dedos de nivel.

8

Hornea el cheesecake a 180°C durante 10 minutos. Después reduce la temperatura del horno a 140°C y hornea durante 1 hora más. Transcurrida una hora, apaga el horno y deja el cheesecake dentro con la puerta cerrada durante 30 minutos. Cuando hayan pasado esos 30 minutos, deja enfriar dentro del horno con la puerta entreabierta (unos 3 dedos solamente) durante 30 minutos más. Es muy importante respetar estos tiempos de enfriado lento dentro del horno, si no el cheesecake se encogería de golpe al sacarlo.

9

Retira del horno y deja enfriar por completo sobre una rejilla antes de desmoldar. Es normal que ahora encoja un poco al acabar de enfriarse, pero si se encoje demasiado es porque la masa se mezcló demasiado y no tenía suficiente aire o porque ha entrado agua en el molde.

10

Antes de servir, espolvorea con azúcar glas la superficie.

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